Las mujeres de nuestro campo no solo cultivan: transforman realidades y siembran esperanza.
Desde Rionegro, Santander, la asociación de cacaocultores víctimas, Aroma de Paz, nos enseña el verdadero significado de la resiliencia: de la mano de líderes como María Eugenia y Milena, estas mujeres decidieron darle un giro a sus vidas, pasando de la comercialización del grano a convertirse en empresarias de su propio chocolate de mesa.
El cacao se ha convertido en su motor de superación, fuerza y fortaleza, demostrando que los estereotipos quedaron en el pasado y que hoy lideran con orgullo el desarrollo de su comunidad.